MURALLAS NO PINDO

Onte volvín ao Monte Pindo con Fernando Alonso Romero. Cantas veces teremos subido xuntos, unhas veces por camiños, outras agatuñando polas penedas ou seguindo os cursos da auga? Máis de trinta anos compartindo esta paixón. Eu recoñezo a débeda que teño con el, porque de Fernando aprendín case todo o que sei do Monte.

Fernando

Nesta ocasión o obxectivo era ver os muros que observaramos dende un outeiro, cando en febreiro subimos a ver a inscrición da Moa.

http://fernandeznaval.blogaliza.org/wp-admin/post.php?post=2829&action=edit

Tomamos o camiño de Fieiro, en día de sol, limpo e luminoso, aínda que con algo de nordés. Preto xa da Moa, deixamos o carreiro e dende o outeiro descendemos cara as murallas que, noutro tempo, pecharon os accesos ao cumio do monte.

Muralla 3

Son varios os treitos que se conservan, non todos en bo estado, pero hai un que dá a dimensión exacta do valor que tiveron. Dobre fileira de grandes pedras, cada unha de varios centos de quilos, reenchida no centro con pedra miúda. Todos estes panos de muro pechan o monte pola cara leste-sur, polo que concluímos que a orografía e os castelos de Carnota, San Xurxo e Penafiel serían elementos defensivos suficientes para defender o acceso polo oeste e polo norte. Porque non podemos entender estas construcións se non é dende unha perspectiva de defender e facer inaccesible o corazón do Monte.

Muralla 2

Foi necesaria moita xente e sentir moito medo, para construír estes muros, dixo Fernando nun momento; comentario que me conmoveu e intrigou, disparando a imaxinación. Ao cabo, a falta de estudo dos valores patrimoniais do monte e a indiferenza que suscita en certos poderes públicos galegos, impiden que poidamos comprender cal foi o seu valor, cal a súa importancia nun momento histórico que tampouco podemos precisar. Dicir, se acaso, que este xeito de construír está documentado na Idade do Bronce, tanto en Galicia como nas Illas Británicas.

O val 2

Volveremos. Ollando dende os muros, cara o alto, pechado entre grandes outeiros de acceso difícil, está o val onde nace o Vadebois. Ese será o seguinte obxectivo.

GALICIA STYLE

Deixo aquí a información sobre esta xornada de debate que terá lugar no Pazo de Trasalba o vindeiro 28 de maio, sábado, organizada pola Asociación Galega de Saúde Mental.

O certo é que non reparara no interese que ten discernir entre identidade e estilo ata que Antón Casais me convidou a participar. Eu falarei da fraseoloxía como expresión de estilo.

http://www.agsm-aen.org/xornadas.php?t=3

PROGRAMA

“A-discreción”.
Antón Casais.
(Psiquiatra, psicanalista).

“Galegos en Venezuela: 1950-1980. Adaptación e choque de percepcións”.
Moncho Campos.
(Profesor de Historia da Universidade de Vigo).

“A nena e o infinito canto do tubérculo”.
Olga Novo.
(Poeta, profesora IES).

“A fraseoloxía como expresión de estilo”.
Francisco Fernández Naval (Chisco).
(Novelista e poeta).

“A identidade galega como creba: unha proposta estilística”.
Xosé Manuel García. (Licenciado en Dereito).

“Fronteira interior: ¿ónde remata Galiza por dentro de nós? Unha aproximación dende a práctica da poesía”.
Ana Cibeira.
(Poeta).

“A paixón de Concepción Arenal. ¿Un torrente ou abismo?”
María Antonia de Miguel. (Psicanalista).

“A indiferencia coma feito diferencial galego”.
Xaime Subiela
(Politólogo).

“Cambio de papeis na función social do médico. Reflexións sobre unha peripecia”.
Profesor Manuel Sánchez Salorio (Médico oftalmólogo, humanista) presentado por Santiago Lamas.

OIRA e CUEVILLAS

A petición de Fogueteiro, vai o artigo de Florentino Cuevillas, titulado Oira.

Como California, como el Klondike, Galicia fue un tiempo el país del oro; pero la llamada del preciado metal no atrajo aquí, como a aquellos países, legiones de buscadores venidos de muy lejos, y que llegaban hartos de caminar por inmensas praderas de savia o por terribles desiertos de hielo, con el cuerpo rendido y los ojos brillantes por la fiebre de la codicia. 

O que resta do campo de Oira

O que resta do campo de Oira

No, a nuestra tierra no arribaron estas legiones de hombres encendidos por la sed de la riqueza, y la recogida de nuestro oro, iniciada en épocas imprecisas pero desde luego muy remotas, la hicieron, durante muchos siglos, los indígenas de una manera primitiva, a modo de faena casera, que sólo en algún caso se teñía de color religioso. Y esto era así porque el metal buscado se le apreciaba todavía más como ornato que como dinero.

En los fragmentos de Posidonio se ve a las mujeres de la tribu gallega de los ártabros descender desde sus altas aldeas fortificadas y llegar hasta las orillas de los ríos. Con unos cuantos golpes de azadón sacan del agua arena del lecho, que luego lavan en una especie de cesto de mimbre; y terminada la operación vuelven aquellas mujeres a su casa, con unas cuantas pepitas o unas cuantas escamas amarillas, que van a reunirse con otras obtenidas anteriormente, con la misma naturalidad con que se reúnen los ovillos de lana hilada o las semillas desgranadas. 

En Justino, en cambio, entablamos conocimiento del Monte Sagrado, que se emplaza en los confines de Galicia, y que contiene gran cantidad de oro, pero este oro se halla protegido por un verdadero tabú y sólo es permitido adueñarse de él, como un presente de los dioses, cuando el rayo del cielo lo pone al descubierto.

Ya véis, por lo tanto, como aquí no fue lo mismo que en California o en el Klondike, y cómo no hubo fiebre codiciosa, ni lucha de hombres de presa, proque aquí entonces, no se buscaba el deseado metal para obtener dominio, ni mando, ni fuerza; se le buscaba más que nada porque poseía un agradable color y un luciente brillo, y porque adornaba bellamente y el deseo de obtenerlo era tan poco apremiante, que no era capaz de ocupar el trabajo de los hombres ni de romper las cadenas de una prohibición religiosa. 

Pero abundaba tanto, que nuestro país es el más rico en hallazgos de alhajas prehistóricas de toda Europa, y el tesoro de Caldas, con sus treinta y dos kilos de objetos áureos, es el más considerable de la Península, y nuestros oestrymnios y nuestros celtas fueron evidentemente los hombres mejor enjoyados de todo el mundo.

Después de la conquista, el aspecto, los procedimientos y los propósitos de nuestras explotaciones auríferas variaron en absoluto. Bien es verdad que en las culturas clásicas e metal amarillo fuera ya belleza en manos de Perieles, poder en las de Alejandro, corrupción en las de Yugurta y desgracia en las de Craso, y que ya no era adorno, era dinero para pagar los soldados y sostener la armazón administrativa del Imperio; y por eso, por ser necesario e indispensable, se empleó en las minas gallegas toda la técnica de los expertos y toda la crueldad de los capataces de Roma, hasta que se consiguió arrancar de ellas veinte mil libras de oro todos los años. En Plinio está la descripción dramática de los trabajos de nuestras minas, en las Médulas del Bierzo su mejor testimonio arqueológico, y en el “Elogio de Serena” de Claudiano, su último eco. 

Castro de Oira

Castro de Oira

Y ahora venid conmigo; vamos a colocarnos por encima del Portobello, frente al lugar de Oira, situado al pie de un espolón del monte, a otro lado del Miño. Hay allí viñedos y pinares, casitas nuevas tendidas a lo largo de la reciente carretera, que casi unen la aldea con la ciudad, tarea captadora a la que ayudan los almacenes del ferrocarril a Zamora que avanzan por aquel lado. Prescindid de todo esto y recordad, en cambio, que Oira se deja derivar fácilmente de Auria y pensad en lo que este nombre puede significar, y luego cerrad los ojos. 

Ya no existe el pueblecillo en su actual emplazamiento; las casas rendondas, y con techo de paja están arriba en lo alto del espolón, en un recinto rodeado de una cerca sencilla y separada por un foso de la llanada del Veintiuno. No hay ciudad, ni carreteras, ni puentes; faltan también las vides y los pinos, pero se ven, en cambio, algunos campos próximos al río cultivados de cereales, y después por todo el valle, arriba y abajo un inmenso bosque de robles, de castaños, de alisos, de álamos y de fresnos, y tojos y retamas grandes como árboles, y por todas partes un gran silencio, el silencio augusto de los lugares casi vacíos de la algarabía humana.

Regato de Oira, agora domado

Regato de Oira, agora domado

Por un camino que va pegado a un regato viene del castro al río un grupo de mujeres vestidas con túnicas y mantos de colores vivos. Son fuertes y rudas y hablan un extaño idioma; al llegar a la corriente del río se arrodillaron y en una especie de cestos empezaron a lavar la arena. Cantan mientras lavan y en medio de aquel paisaje tan distinto al de ahora, rompiendo el silencio del gran bosque, sube por el aire una canción, una canción que es un alalá, igual a los que las mujeres de Oira han debido ya olvidar en estos últimos años. 

(Tres apuntamentos: 1) o regato polo que baixan as mulleres é o mesmo do que fala Risco no seu artigo Por Oira baixa un regueiro. 2) Aureanas, dicíanlle ás mulleres que ían procurar o ouro. 3) As mulleres de Oira nunca esqueceron cantar. Eu son dunha estirpe de mulleres cantoras, as Cuqueiras, dicíanlle ao grupo formado polas catro miñas tías e a miña nai.)

Un pouco máis alá de onde se ven as silvas, á dereita, viña o lameiro, onde iamos coa vaca. Aí había sempre cóbregas, mansas, supoño que natrix, pero que aos nenos sempre nos asustaban.

DÍA DA POESÍA

21 de marzo. Día mundial da poesía. Comparto aquí esta reflexión de Eva Veiga sobre o feito poético, nese vídeo da AELG. Déixovos logo co escritor uruguaio Rafael Courtoisie, unha das voces máis interesantes das que coñecín o ano pasado, encontro feliz, no festival de Barranquilla. Remato cunha proposta de tradución dun poema de Rainer María Rilke, escrito en 1897, que a min, dende que o lin saíndo da adolescencia, na antoloxía poética que do poeta publicara a Colección Austral, sempre me gustou e para sempre fixen meu ese primeiro verso.

 

A miña casa está entre o día e o soño,
alí onde os nenos dormen, de perseguirse ardentes,
alí onde os vellos sentan no solpor,
e os fogares arden e alumean o seu ámbito.
A miña casa está entre o día e o soño,
onde enmudecen claras as campás da tarde,
e as rapazas perplexas por extinguidos ecos
se achegan fatigadas ao peitoril da fonte.
E un tileiro é a miña árbore preferida;
e todos os estíos, que nel gardan silencio,
regresan a se conmover nas infinitas pólas
e de novo espertan entre o día e o soño.

 

 

NANA PARA UN NENO GRANDE

A miña amiga Rosa Álvarez, faime por correo electrónico, este agasallo tan especial: a nana ou arrolo para un neno grande, que ela escribiu unha tarde, a finais dos anos 70 e á que lle puxo música. Como non sabía solfexo, gravouna nunha cinta de casete para non esquecela. Un día, na radio, comentoullo a Fernando Palacios. Este pediulle que lla cantase. A el gustoulle moito cando a escoitou, propoñéndolle emitila no seu programa de Radio Clásica. Buscaron estudio, el asistiuna durante a gravación e, aos poucos días, entre un Brahms e un Vivaldi, soaba esta peza sinxela e emotiva. Fernando Argéntea emitiuna varias veces en Clásicos Populares, aquel programa marabilloso co que podía aprender e rir ao tempo.

MANOEL PRIETO MARCOS

coral de ruadaContáronme o outro día que pronto teremos novo disco da Coral de Ruada. É este un proxecto moi importante no devir desta formación, unha das corais históricas de Galicia fundada en 1929. No disco participan algunhas das máis importantes figuras da música, outros grupos e corais, nenas e nenos cantores.

Quen isto me contaba faloume de que o disco servirá, tamén, para reivindicar a figura de Manoel Prieto Marcos, poeta, músico e compositor nacido en Tui no ano 1905. En 1928, coa súa dona Nandela, Manoel emigra a Arxentina, primeiro a Entre Ríos e logo a Bos Aires. Na capital dirixe coros como o da Nova casa de Galicia, Lembranzas de d’Ultreya, Saudades ou Os rumorosos. Antes de marchar, en Vilagarcía, fora subdirector da banda municipal de música.

Manoel Prieto falece sendo novo, en 1945. Escribiu versos que publicabaManoel Prieto Marcos en revistas e xornais da Comunidade e que xuntou nun libro con título Versos en gama de gaita, publicado en 1970, ao se cumprir o 25 cabodano do seu pasamento, por iniciativa da Irmandade Galega de Buenos Aires e cun crowdfunding da época, ao que se suman 50 persoas, relacionadas ao final do libro. Eu non atopei imaxe del, polo que me atrevo a inserir aquí esta fermosa alegoría do pintor Paz Antón, na que está Manoel.

A ilustración de cuberta de Versos en gama de gaita é de Luis Seoane. O libro leva un limiar no que eu non percibo a prosa de Eduardo Blanco Amor, aínda que hai quen di que é del. Os versos van precedidos dun texto de Manoel que remata así:

Irmáns na patria e na esperanza: ai van eses versos, moxenas do meu esprito, momentos da miña vida inútil. Prégovos que os admitades, porque vai neles a lentura d’un corazón agradecido. E ti, leitor… disimula. 

Versos en gama de gaita

Seus versos fluén rítmicos, ricos na linguaxe e nas imaxes, poesía vinculada á vida rural e do mar e, ao tempo, cun certo ton modernista e de vangarda que algúns sitúan no ronsel de Amado Carballo. De seguro que, de vivir máis anos, a súa obra tería madurecido e florecido e, acaso hoxe falariamos dunha referencia poética para o país, en lugar do esquecemento que cobre a súa memoria.

Eu deixo aquí estes dous poemas. O primeiro pola primavera que se achega e que xa respiramos. O segundo porque, de coñecelo cando fixen aquela colección de poemas vinculados coa carpintería de ribeira e as embarcacións tradicionais, (Tamén navegar. Editorial Toxosoutos), figuraría nela, e só se me ocorre agora un xeito de subsanar ese baleiro, que é compartilo aquí.

ROMANCE DA PRIMAVEIRA

Nas cerdeiras frolecidas,
ramallos de volvoretas;
ou pingas de sol maduro,
quizais bágoas das estrelas…
Ai, que ti viñas rubindo
camiños da miña espera,
i-o meu ollar criou lume
i-o lume ergueu bambinelas.
Pero ben vin que petaba
no teu sangue a primaveira.
                            Xila, que linda ficabas
                            garnida de garnicela!…
                            Volallas ao teu redor
                            -cachizos de ollada acesa-
                            queimaron íntimos liños
                            e gusmiñaron roseira
                            toda albariza de rosas,
                            toda de rosas doncelas.
                            Ai, cómo tamén petaba
                            no meu sangue a primaveira!
Lene chamarís da lúa
chamando pol-as noitebras;
o sol apagaba os lumes;
os paxaros tiñan festa.
As mans da bris, a trenzar
risos e canzóns antergas;
i-a fita roxa das gaitas,
i-o queixume das ovellas…
O teu sangue i-o meu sangue,
vértigos trenza que trenza.
¡Ben comprida foi de nós
a manda da primaveira!
…………………………………………
Xila, que na miña carne
madura, magra e morena,
aínda recenden as rosas
novas da tua carne albeira.

VERSOS DE BEIRAMAR

Ai, a belida peixeira
ben querida na ribeira.
           (Levaime, barcas!…)
Ai, a peixeira belida
na ribeira ben querida.
           (Levaime, barcas!…)
                Po-los vieiros do mar
                van proa á noite as barquelas
                ceibando alalás no ar.
                              As estrelas
                derrétense encol das velas.
                Encol da miña emoción,
                derrétese corazón.
Nas túas pernas dispidas,
peixeira de Vilaxoán,
alóngase esta serán
que adorme as miñas feridas.
Atustulla nos meus bicos
a mariñeira faciana
namentras o trebón brúa
i-o mar arremuiña barcas.
                Navegarei o teu corpo,
                                ai, a-la-la!

 

A ÚLTIMA VOZ YAGHÁN

A miña amiga, a escritora Manon Moreau, da que xa teño falado aquí, e que nos visitará o vindeiro mes de abril, envíame un correo no que vén esta ligazón a un documento sonoro extraordinario. Escóitase nel a voz da última falante dunha lingua. Trátase da lingua dos Yaghans, pobo que dende hai séculos habita o sur de Chile, supoño que tamén da Arxentina, de feito o museo Yaghan está en Ushuaia. O documento é fermoso, como unha música, na que a voz da muller, a última voz que pronuncia esas palabras, conversa co vento, cos animais, as augas do mar e dos regatos, a natureza, en fin, da que a lingua tamén formaba parte. Foi gravada por un rapaz e emitida pola emisora de Libération. A min emocionoume. Son sete minutos.

http://next.liberation.fr/culture/2009/12/12/the-last-voice_1433

DÍA DE ROSALÍA DE CASTRO

Tal día coma hoxe, en 1837, nacía Rosalía de Castro. Dende hai anos son varias as entidades e institucións que enchen as horas e o país cos seus versos. Eu participo, habitualmente, na lectura que convoca a Asociación de Escritoras e Escritores en Lingua Galega. Este ano, como o anterior, será no serán, no ÁGORA da Coruña.

Hoxe lerei os fragmentos do poema “Na tomba do xeneral inglés Sir Jonh Moore morto na batalla de Elviña (Coruña) o 16 de xaneiro de 1809“, poema que Rosalía dedia á súa amiga, nativa do país de Gales, María Bertorini.

Lerei exactamente os versos que acompañan a Moore no Xardín de San Carlos e aproveitando, lembrarei a figura de Amadou Ndoyé, o profesor de lingua e literatura española da Universidade de Dakar, que estivo por aquí no ano 2013 e con quen puiden recitar, acompasando as nosas voces, os versos de Rosalía na galería que olla ao porto coruñés.

De Amadou Ndoyé escribín hai anos, esta é a conexión a aquel artigo no que daba conta do seu falecemento en Dakar, poucos meses despois da súa visita. E penso que é acaído porque el faloume de Rosalía e de como a poñía como exemplo diante dos seus alumnos que querían ser escritores.

AMADOU NDOYE

Aquí queda, tamén, o poema completo de Rosalía, que ela incluíu en Follas Novas, na parte titulada Varia:

NA TOMBA DO XENERAL INGLÉS
SIR JOHN MOORE
MORTO NA BATALLA DE ELVIÑA (CORUÑA)
ó 16 DE XANEIRO DE 1809

A miña amiga MARÍA BERTORINI,
nativa do país de Gales
A Coruña, 1871.

¡Cuán lonxe, cánto, das escuras niebras,
dos verdes pinos, das ferventes olas
que o nacer viron, dos paternos lares,
do ceo da patria que o aolumóu mimoso,
dos sitios, ai, do seu querer; qué lexos
viu a caer baixo enemigo golpe
pra nunca máis se levantar, coitado!
¡Morrer asín en estranxeiras plaias,
morrer tan mozo, abadoná-la vida
non farto aínda de vivir e ansiando
gustar da froita que coidado houbera!
¡I en vez das ponlas do loureiro altivo
que do héroe a testa varonil coroan,
baixar á tomba silenciosa e muda…!

¡Ouh brancos cisnes das britanas islas;
ouh arboredos que bordás galanos
dos mansos ríos as ribeiras verdes
i os frescos campos donde John correra…!
Si a vós amargo xemidor sospiro
chegóu daquel que no postreiro alento
vos dixo ¡adiós! con amorosas ansias
a vós volvendo o pensamento último,
que da súa mente se escapaba inxele,
¡con qué pesar, con qué dolor sin nome,
con qué estrañeza sin igual diríades
tamén ¡adiós” ó que tan lonxe, tanto,
da patria, soio, á eternidá baixaba!

I o gran sillón, a colgadura inmóvil
do para sempre abandonado leito,
a cinza fría do fogar sin lume,
a branda alfombra que leal conserva
do pe do morto unha sinal visibre,
o can que agarda polo dono ausente
i o busca errante por camiños ermos,
as altas herbas da alameda escura
por onde el antes con solá paseaba,
o sempre igual mormoruxar da fonte
donde el nas tarde a sentarse iña…
¡cál falarían sin parar de Moore,
co seu calado afrixidor lenguaxe,
ós ollos, ¡ai!, dos que por el choraban!
¡Xa nunca máis…, xa nunca máis, ouh triste,
ha de volver onde por el esperan!
Partéu valente a combatir con groria.
¡Partéu, partéu…! e non tornóu, que a morte
segouno alí nos estranxeiros campos,
ca frol que cai onde a semilla súa
terra n’atopa en que arraigar poidera.

Lonxe caíche, pobre John, da tomba
onde cos teus en descansar pensaras.
En terra allea inda os teus restos dormen,
i os que te amaron e recordan inda,
mirando as ondas do velado Océano,
doridos din, desde as nativas praias:
“¡Aló está el, tras dese mar bravío;
aló quedóu, quisáis, quisáis por sempre;
tomba onde naide vai chorar, cobexa
amadas cinzas do que nós perdemos…!”
I os tristes ventos i as caladas brisas
que os mortos aman si lexanos dormen
do patrio chan, a refrescarte veñen
do vran na noite calorosa, e traen
pra ti nas alas cariñosas queixas,
brandos suspiros, amorosos ecos,
algunha bágoa sin secar, que molla
a seca pedra do mausóleo frío,
do teu país algún perfume agreste.

¡Mais qué fermosa e sin igual morada
lle coupo en sorte ós teus mortales restos!
¡Quixera Dios que para ti non fora,
nobre estranxeiro, habitación allea!
Que n’hai poeta, ensoñador esprito
non pode haber que ó contemprar no outono
o mar de seca amarillenta folla
que o teu mausóleo con amor cobexa,
que ó contemprar nas alboradas frescas
do mes de maio as sonrosadas luces
que alegres sempre a visitarche veñen,
non diga: “¡Asín cando eu morrer, poidera
dormir en paz neste xardín frorido,
preto do mar…, do cimeterio lonxe…!”
Que ti n’escoitas en jamás, ¡ouh Moore!,
choros amargos, queixumbrosos rezos,
ni os outros mortos a chamarte veñen,
pra que con eles na calada noite
a incerta danza dos sepulcros bailes.
Só dose alento do cogollo que abre,
da frol que mucha o postrimeiro adiose,
loucos rebuldos, infantiles risas
de lindos nenos que a esconderse veñen
sin medo a ti tras do sepulcro branco.
I algunha vez, ¡moitas quizáis!, sospiros
de ardente amor que o vento leva donde
Dios sabe só…, por sin igual compaña
dichoso tes na habitación postreira.
¡I o mar, o mar, o bravo mar que ruxe
cal ruxe aquel que te arrolóu na cuna,
mora onda ti, ven a bicar as pedras
dun chan de amor que con amor te garda,
i arredor teu deixa crecé-las rosas!
¡Descansa en paz, descansa en paz, ouh Moore!
E vós que o amás, do voso honor celosos,
fillos de Albión, permanecéi tranquilos.
Terra fidalga é nosa terra -tanto
cal linda Dios a quixo dar-; ben sabe
honra faser a quen merce honra,
i honrado así, cal merecéu, foi Moore.
Soio no está no seu sepulcro; un puebro
co seu respeto compasivo vela
polo estranxeiro a quen traidora morte
fixo fincar lonxe dos seus, i a elleos
vir a pedir o derradeiro asilo.

Cando do mar atravesés as ondas
i ó voso irmán a visitar vaiades,
poñé na tomba o cariñoso oído,
e si sentís rebuligar as cinzas,
e si escoitás indefinibres voces,
e si entendés o que esas voces digan,
a ialma vosa sentirá consolo.
¡El vos dirá que arredor do mundo
tomba mellor que a que atopóu n’achará
sinón dos seus antre o amoroso abrigo!

 

 

MONTE PINDO VELLA INSCRICIÓN

Subimos outra volta ao Monte Pindo. A intención era ver esa inscrición que apareceu hai poucas semanas no espazo da capela da Moa. Fomos Fernando Alonso Romero, María Tilve, Lino Lema, as dúas cadelas: Xida e Torga e eu. O nome de Xida provén da Arxina, a lingua dos canteiros de Pontevedra, que canteiro foi o avó de María, e significa: bonita, fermosa, boa, e así é ela. Saímos tarde e subimos pola cara interior, dende Fieiro. Faltaban dous minutos para as 12 cando empezamos a camiñar.

O lugar dos encantos

O lugar dos encantos

O día estaba bo, sen frío, só unha néboa inconstante nos amolaba ás veces, pero nunca nos impediu ter visibilidade abonda como para continuar a ascensión. Ao pasar, Fernando recoñeceu un lugar no que, hai moitos anos, Xan Louro lle contou que era un dos espazos onde sucedían os encantos, aquilo de que unha fada, cos cabelos rubios e peite de ouro, senta nunha pedra, peitea o pelo e agarda que pase alguén por ver se a desencanta. Malia estar dispostos a intentalo, non apareceu.

Cabaña ao pé da Moa

Cabaña ao pé da Moa

A inscrición está difícil de ver, no chan, moi lonxe do lugar onde nós buscabamos. NoCoviña forno moa esforzo por atopala demos coa vellaxa recollida no seu día por Barreiro Barral, e outra nunha das pedras amoreadas na ruína do que foi capela. Xantamos e decidimos subir á Moa, por ver de distanciarnos e que a procura non se volvese obsesión, coa idea de regresar para seguir buscando o que era motivo da excursión. Dende arriba chamei a Mario Maceiras, secretario da Asociación Monte Pindo Parque Natural, quen nos deu instrucións sobre onde podiamos vela.

A visión dende arriba era fermosa, na mestura de sol e brétema que a paisaxe conxugaba. Tamén paramos nun perímetro de pedra, que Fernando e Luis Monteagudo consideraron sempre un dos vestixios de primeira vivenda do home, nun tempo antigo, difícil de precisar sen escavación.

Panorámica dende a Moa

Panorámica dende a Moa

Forno da MoaRegresamos e buscamos con afán e teimudos, agora tomando como referencia o Forno da Moa, esa pequena gruta onde se pensou sempre que habitou un ermitán nos primeiros tempos do cristianismo na vella Gallaecia. Atopamos unha coviña que non viramos antes, pero a inscrición seguía sen aparecer. Por fin deu con ela Fernando. A auga da chuvia sobre a pedra e a néboa que eliminaba a sombra dos relevos, dificultaban moito a visión. Complicado recollela en foto, non na memoria. Tomamos, iso si, nota dos elementos que a forman e medímola.

Pedra da inscrición

Pedra da inscrición

Na baixada  atopamos muros que non viramos noutras ocasións e outros restos de cabanas, un deles que debeu ser importante, con casa rectangular e outras máis pequenas que deberon ser cortes.

Conxunto cabana e cortes

Conxunto cabana e cortes

Chegamos aos coches ás seis da tarde, logo de 6 horas camiñando. Por entre os fíos de néboa vimos asomar a lúa.

As nosas compañeiras, respectando o almorzo

As nosas compañeiras, respectando o almorzo

Exploradores con Xida, ao pé dun dos muros.

Exploradores con Xida, ao pé dun dos muros.

(Todas as fotografías son miñas, agás esta última dos exploradores, que é de Lino Lema)

RÚA VIVA

Onte, revisando fotografías, atopei esta imaxe que ten o pouso daquilo que foi historia das nosas vidas e, tamén, da colectividade. Debe ser dun sábado de inverno, entre 1979 e 1980. Estamos diante do Alaska, aquela cafetería que había no Parque de San Lázaro de Ourense, que tiña na parede un mural de Xaime Quessada. Viñamos de crear a compañía de teatro Rúa Viva.

Manuel Núñez, Manuel Vidal, Manuel Guede, Camilo Valdeorras e eu.

Manuel Núñez, Manuel Vidal, Manuel Guede, Camilo Valdeorras e eu.

De Rúa Viva falei o ano pasado, no pregón das festas do Corpus. A idea fora de Manuel Guede, que viña de estudar dramaturxia en Barcelona. Tratábase de recuperar a festa, o parateatral, a representación de rúa, que fora tan tradicional na cidade e que aínda o é en toda Galicia. A partir do traballo de investigación e recuperación, a compañía tentaría elaborar unha estética e unha proposta escénica propias do país.

Na imaxe eu levo na man a carpeta onde gardaba a documentación fundacional. Pouco antes de morrer, Benito Losada, quen fora durante tantos anos director da Casa da Xuventude, entregoume copia dos estatutos, porque unha vez constituidos, Rúa Viva fixérase socia da Casa, con dereito a dispor de espazo de ensaio e de traballo.

Rúa Viva convocara a persoas vincualadas coa música, a plástica, a escrita, o teatro, tamén coa costura e coa artesanía (por alí andaba connosco César Lombera, autor, entre outras, das esculturas do Carrabouxo, no Parque de San Lázaro de Ourense, ou das Dúas Marías da Alameda de Compostela e que daquela traballaba o cartón pedra).

Pero entre nós o equilibrio era inestable. As fortes personalidades de Manuel Guede e Manuel Vidal, o enfrontamento entrambos, fixeron fracasar o proxecto. Eu, amigo dos dous, tentei mediar, pero fun quen. Pouco despois, Guede e eu, xunto con Xosé Lois García e Bernardo Corral (Poro), fundabamos Caritel, compañía residente nunha sala pública, na que se desenvolveu unha programación teatral estable.

Manuel Vidal mantivo Rúa Viva durante anos, representando boa parte da obra teatral de Euardo Blanco Amor.

Imagen escaneada

Este programa, deseñado por Mayte Vázquez, corresponde a unha das últimas representacións de Manuel Vidal. Trátase da estrea da obra A Revolución, de Isaac Chocron. A escenografía fora obra do artista César Taboada, a tradución do texto do poeta Víctor Campio, a música de José Loureiro, a dirección de Teresa Villar. En escena, con Manolo, Javier Millán.

A primeira representación de Caritel, foi a estrea da obra Abraham e Samuel, do escritor francés Vïctor Haïm. Guede e eu viaxamos a París, nun autobús da empresa Ampian, no mes de xaneiro de 1981, para nos entrevistar con Haïm. París nevado, Haïm cariñoso connosco e eu que namorei dunha muller na rue de Saint Denis. A tradución e dirección da obra foi de Guede, os actores foron Xosé Lois González e Bernardo Corral (Poro).

Anos despois, Bernardo decidiu entregarse ao río. No libro Miño dediqueille un poema titulado Último acto:

DOBROU a roupa
coma quen prega a derradeira folla
dun almanaque de brétemas.
Ollou o peitoril dos pasos e das voces,
sóubose frío e viuse
enfrontado a un labirinto de ecos
no escenario da ausencia,
recitando un texto que advertía
da rendición das sombras.
Logo, na cegueira da ponte,
o remuíño bebeu
o ronsel do seu aire.